jueves, 17 de mayo de 2012

NACIÓN HISTÓRICA VS. MODERNIDAD


Las nacionalidades denominadas históricas en España reciben dicha denominación por los pactos políticos nacidos en la Constitución Española de 1978, que buscaron el consenso así establecido desde entonces, para mejor vertebrar un país dividido y recién salido de una guerra civil y una dictadura.
Revierte dicho status de una tradición histórica de arraigo en sus pueblos como lo es un lenguaje propio, cultura, fueros preconstitucionales y fuertes partidos políticos nacionalistas.
34 años después, con un cambio de siglo de por medio y una madurez más que sobrada de la etapa democrática, seguimos con el mismo sistema que nació en el 78 y mana sus razones de ser, a veces incluso, en hitos históricos derivados de la Edad Media.
Y queremos de España, que nos represente como un Estado democrático y moderno… pero aún políticos y parte de la sociedad siguen anclados en el pasado sin comprobar la dicotomía que esto supone. Un pasado que es más que histórico ya.


El consenso de la Consitutción de 1978, que costó el esfuerzo, el silencio y a veces el olvido de toda una generación para que el país no volviera a mirar atrás a esa etapa negra de nuestra historia, fue cumplido a rajatabla salvo por los propios políticos, nacionalistas y autonómicos, que han reconocido estos estatutos y que hasta en el día de hoy, ya en pleno siglo XXI de la modernidad, siguen reclamando diferenciación frente al resto del Estado. Y aún así queremos ser un Estado moderno…
España tiene un modelo de estado que se ha visto obsoleto y que pierde fuerza frente a las naciones hermanas europeas, las cuales nos reclaman su revisión día tras día. Y los partidos políticos se niegan a intervenir, pero quieren la modernidad para nuestro pueblo…
Ya es hora de plantear que la historia es una definición sucinta al término pasado, que ha de enriquecernos, enorgullecernos por la importancia y grandeza que tuvo, pero que sin falta España tiene que girar la cabeza y mirar al futuro, pues hoy se presenta muy incierto y oscuro como para que sigamos anclados en él. Y cualquier democracia moderna ha de saber que la intervención del estado elefantiásico que nos dimos en el 78 tiene una estructura mucho más cara, innecesaria e improductiva de lo que un país del siglo XXI necesita. Si no nos aferramos al futuro y olvidamos el pasado, si no pensamos en mejorar nuestras instituciones y nuestro marco regulador, acabaremos viviendo las autonomías históricas, sí, pero seguramente junto con un corralito de ruina como viviera Argentina.